Capítulo 1, Parte 5 – El poder del apellido

Llegamos al Enrique VIII en pocos minutos. Esperaba que el trayecto hubiese durado un poco más. Me quedé mirando el enorme soportal vallado unos cuantos segundos hasta que al fin me decidí a entrar en prisión. Aunque en cierto modo me fascinaba la idea de pertenecer a un centro como aquel.

No puedo mentir, ese sitio era realmente impresionante. Parecía una antigua catedral gótica, con sus escaleras de la entrada y sus jardines bien cuidados a los lados de esta. Los chicos iban entrando en grupitos; claramente ya habrían hecho amigos los años anteriores, pero yo me veía solo e indefenso. Hasta que el destino volvió a darme de bruces contra el suelo.

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Fue poca la suerte que tuve cuando, antes de comenzar a subir las escaleras, otro chico me atropelló por detrás, y la mochila vomitó todos los libros sobre el paseo de piedra que ocupaba la obertura del edificio.

—¡Pero tío! —exclamé.

—Lo siento mucho, ¿te encuentras bien?

No me lo podía creer. Era el mismo skater que me atropelló la semana pasada. ¿De verdad iba a este colegio de… niñitos de papá?

—¡Ahí va! —Él también debió de fijarse, pues me señaló atónito con el dedo—. Tú eres el del Emporio Armani.

—¿Perdón?

—Sí, hombre. Vives entre un Emporio Armani y un Atrezzo.

—Ah, cierto. Qué observador…

—¡Señor Benítez! —La mujer que gritaba su nombre desde la puerta principal parecía algo alterada—. ¿Qué le dijimos de su tabla con ruedas?

—¿Que en su aquelarre se considera brujería?

—Guárdela o llamaré al director Alcázar.

La mujer se volvió a meter en la escuela mientras el Señor Benítez se metía la tabla en su enorme mochila. Después me echó una alegre sonrisa.

—Es la secretaria, pero no te asustes. Es buena chica.

—Vaya…

—¿Tu nombre?

—Ehh… ¡Sí! Diego.

—¿Diego qué más?

—Olmedo… Núñez. ¿Eso importa mucho?

—Por supuesto que sí. La gente aquí te lo preguntará mucho, no vienen muchos nuevos al Enrique VIII y menos en último curso, y todos querrán saber por qué estás aquí. Debes de ser el hijo de Catalina Núñez, la viuda de Cadalso, ¿verdad? Siento la pérdida de tu padre.

—No pasa nada, y era mi tío. Soy el sobrino de Catalina —me sonaba raro llamarla así.

—Es un placer —me dio la mano—. Yo me llamo Pablo Benítez… de Lorenzo.

—¿Y por qué estás tú aquí?

—Porque mi madre quería lo mejor para mí.

—Espera… ¿tiene tu madre algo que ver con diLorenzo?

—Dueña y creadora. Por algo te he dicho mi segundo apellido. Ella trabaja ahora en Francia, allí se vende muy bien su ropa vintage. Con que tu tía, ¿eh? Quién lo diría, no pareces de por aquí.

—Es que no lo soy.

—Anda… Bueno, y dime, Diego, ¿a qué clase vas?

Ni idea. Al ver que me quedé en blanco, Pablo me señaló con los ojos el papelito blanco que tenía entre las manos, y lo leí hasta que di con la respuesta.

—A la de Segundo A.

—¡Perfecto! Compartiremos clase. Pues vamos, ya llegamos tarde.

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Escrito por

Nacido en el Madrid de 1998. Amante del cine, los libros y su ciudad. Nada como la buena música, la elegancia y vivir la vida siempre siendo uno mismo. Instagram: drigopaniagua. YouTube: Rodrigo Paniagua

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