Capítulo 1, Parte 7 – Un mal recibimiento


Sonó el timbre de salida de las clases dos horas después, y yo me marché con Pablo hacia la salida.

—¿Te da miedo ese chico?

—¿Felipe? —Se puso a reír como si nada—. ¡No, para nada!

—Con que no… ¿Y por qué has huido cuando te ha fulminado con la mirada?

—Porque es un Golden boy, no puedo permitir que me fulmine.

—Espera, espera… —no pude evitar reírme—. ¿Has dicho… Golden boy?

—Los “Golden boys” son la comidilla del instituto. Siempre acaban siendo el alma de toda fiesta y los chicos y chicas de la calle entera se mueren por ser como ellos.

Parecía ser que los chicos y las chicas de la calle entera carecían completamente de personalidad.

—Pero vamos a ver, tan solo es una estúpida calle —estaba alucinando.

—Esta calle tiene mucho poder, Diego. ¿Tú sabes todo el dinero que circula y lo mucho que se puede conseguir o perder si mueves de un modo u otro tus fichas? Son unos Juegos del Hambre inacabables.

—Ya, pues yo no pienso seguirles el juego.

—Con que tú eres el nuevo…

Eso no lo dijo Pablo. Me giré y vi el primer plano de lo que parecía una estrella de cine seguida por paparazis. Ah, no, era Guillermo Alcázar con gafas de sol y unos amigos a la espalda. Sentía reconocerlo, pero hasta yo quería tener esa fachada tan elegante. Afirmé con timidez a su suposición.

1x7

—Hey, Guille, mola la chaqueta —Pablo parecía algo nervioso, no me lo imaginaba siendo tan pelota con… un alumno—. ¿Hugo Boss?

—En efecto. Y de esta temporada —me miró fijamente—, al contrario que los zapatos de tu amigo.

—¿Perdona?

—Acepto tus disculpas –me contestó.

No dijo nada más, se marchó con sus amigos mientras estos se reían, y yo me quedaba atónito por lo que consideraban aquí “dejar mal” a alguien. Me giré hacia Pablo sin siquiera mirarme los zapatos.

—¿Qué ha sido eso?

—Amor a primera vista, por lo que veo… Pero no te preocupes, Guille tan solo quería acojonarte, la gente no suele fijarse en los zapatos.

—¡No es por los zapatos, Pablo! En mi barrio, dejar mal a alguien era… no sé… insultar a un ser querido, llamar “zorra” a una tía, o incluso a un tío… ¡Pero no criticar la ropa como si viviésemos de ella! ¿De verdad sois todos tan materialistas? Tan… ¿elitistas?

—A ver, Diego, veo que aún no lo has entendido —se acercó más a mí—. Esto es una supervivencia constante. Aquí, todos nos llevamos bien entre todos, pero hay niveles. Y es muy difícil ir ascendiendo, con que hacer la pelota es la mejor opción. Aquí todo el mundo se comporta como una gran “zorra” y son conscientes de ello, con que llamárselo no les haría daño. Pero el hecho de llevar unos simples zapatos del año pasado aquí te hace quedar como si tu familia estuviese en un apuro económico, y eso les compromete a todos. ¿Lo comprendes ahora?

Para nada, ¿cómo iba a comprenderlo? Apariencias, riesgo y rumores. Todos estaban como cencerros, y aquel sitio era un maldito instituto, no una jerarquía monárquica.

—¿En qué sitio estoy, Pablo? —Éste me puso la mano en el hombro.

—Bienvenido al infierno dorado.

Escrito por

Nacido en el Madrid de 1998. Amante del cine, los libros y su ciudad. Nada como la buena música, la elegancia y vivir la vida siempre siendo uno mismo. Instagram: drigopaniagua. YouTube: Rodrigo Paniagua

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