Capítulo 3, Parte 6 – Secretos a Rico

Me desperté en el Burger King en el que había comido, tumbado con la cabeza apoyada en el regazo de Débora, mientras ella me curaba la herida.

—¡Ay! –me lamenté sin querer. Me dolía a rabiar.

—Lo siento, te lo tengo que sanar antes de que se infecte. ¿La cosa no ha ido bien en territorio Porros?

—Esa zorra de Claudia Martín me ha tirado los tejos y su novio la ha pillado. Me ha culpado a mí porque es un completo cretino y me ha pegado porque le he dejado por los suelos.

—¿Te has metido con su polo de marca?

Los dos nos reímos y después se lo conté todo.

—Por cierto, ¿cómo me has encontrado? –finalicé preguntándola.

—Se ha corrido el rumor de tu ostia, y al final ha llegado a mis oídos.

—¿Tan rápido?

—Así es –me hizo incorporarme a su lado—. Pablo y mi hermano no han podido venir, se han ido a ver a un amigo jugar las finales de waterpolo.

Le pregunté que por qué las hacían a principios de curso, y ella me explicó que las anteriores no las pudieron celebrar en junio, y las organizaban ahora.

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Después nos quedamos un rato callados, yo estaba bastante deprimido. Ella me lo notó y me acarició el brazo con delicadeza. ¿Por qué una parte de mí pensaba que yo le gustaba? Tenía que saberlo, porque a mí no me hubiese importado salir con ella, o al menos estar unas semanitas de rollo, así que me fui acercando poco a poco a ella, esperando que hiciese lo mismo. Pero no fue así.

—Diego, para –me pidió educadamente. Yo volví a mi antigua postura—. Verás, eres genial, pero… estoy… con alguien.

—¿Con alguien? Lo… Lo siento, no lo sabía.

—No pasa nada. En realidad, nadie lo sabe.

—¿Por qué no? ¿Quién es?

La pantalla del iPhone de Débora se encendió al recibir un mensaje justo después de mi pregunta. Parecía ensayado. El móvil estaba encima de la mesa, y yo pude ver de quién era el mensaje y lo que ponía:

¿TE VEO MAÑANA POR LA NOCHE EN MI CASA? ESTARÉ SOLO
PABLO ❤

Débora pudo ver cómo lo leía, y cogió el móvil lo antes posible, sin evitar que yo pudiese olvidarlo. Esto era algo muy fuerte, no supe qué decir.

—Por favor, mi hermano no sabe nada. Nos mataría a los dos.

—¿Pero por qué? ¿Os queréis?

—No lo sé, comenzamos a salir en secreto este verano y… Ya no sé ni lo que siento.

Débora parecía nerviosa, así que la abracé. Ella se tranquilizó un poco.

—No pasa nada, ¿vale? No se lo contaré a nadie, te lo prometo.

—Gracias –me sonrió—. De todos modos, espero que lo entiendas. La opinión de Rico es importante para mí y para su mejor amigo. Todo lo que piense él, lo queramos o no, es imprescindible para nosotros. Si no le gustase nuestra relación, no sabríamos qué hacer con ella…

Y así, de pronto, se me abrieron los ojos. Una parte de mí sospechaba y la otra no tenía ni idea. Pero la respuesta para hacerme un Golden boy la había tenido delante de mis ojos todo este tiempo, y ni siquiera había intentado llevarla a cabo.

Todos los dorados, como dijo Felipe, temen que el Supremo les arrebate sus vidas. Ya lo pude ver yo cuando hizo que su propio amigo me derramase Coca-Cola por encima. La única forma de entrar en aquella élite era aliándome con el mismísimo Demonio del infierno dorado.

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Escrito por

Nacido en el Madrid de 1998. Amante del cine, los libros y su ciudad. Nada como la buena música, la elegancia y vivir la vida siempre siendo uno mismo. Instagram: drigopaniagua. YouTube: Rodrigo Paniagua

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