Capítulo 3, Parte 10 – Misión Alcázar

Me acerqué a él quitándome los cascos del móvil mientras él acababa de gritarle cuatro cosas al gorila calvo que acababa de prohibirle el paso a la discoteca.

—¡Y mi padre es el director de todos los locales de la zona! Cuando se entere de esto…

—Sabrá que su hijo, aparte de no estar en la lista de VIPs, es un tocapelotas.

—¿Perdona? –se estaba comenzando a enfurecer de nuevo, al igual que el gorila. Así que llegué a tiempo para pararle.

—¿Guille? –Como de costumbre, se dirigió hacia mí y al verme, rodó los ojos.

—Últimamente te veo demasiado, a ver si me vas a contagiar algo…

—¿Qué ha pasado?

—¿Quieres saber qué ha pasado? –Parecía molesto—. Esos soplagaitas de la entrada no me dejan pasar cuando mi manager llamó hace una semana para reservar mi sitio en esta fiesta especial.

—¿Tienes un manager? –pregunté sorprendido. Es decir, Guille no era famoso por nada, como mucho en el Octavo y por ser la versión malvada de Freddy Krueger.

—Sí, es mi madre. Trabaja de representante para algunos famosillos en Los Ángeles, pero también me consigue a mí huecos en los grandes eventos –después, volvió a refunfuñar—. ¡Y este era uno de ellos!

—¿Qué pasaba hoy aquí?

—¿Bromeas? Todos los que sepan de eventos importantes en la ciudad saben que hoy se celebra la fiesta VIP de cada año. Y es solo para estrellas del cine y la televisión española. ¡Venga ya, si Hugo Silva está ahí dentro, yo también me lo merezco!

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De pronto, sin venir a cuento, observé a un grupo de tías un poco borrachas acercándose desde el fondo de la calle. Iban todas igual vestidas, así que supongo que estaban de despedida de soltera. Las vi gritando de manera tan alocada que me llegó una idea genial para ayudar a Guille a entrar en la fiesta.

—Escúchame, Guille. Tengo un plan para que puedas entrar en esa fiesta. Pero es muy arriesgado y tienes que…

—Haré lo que sea, suéltalo ya.

Sin más dilación, comenzamos lo que llamamos “Misión Alcázar”. Y lo más gracioso es que el plan se me ocurrió por el título de mi proyecto con Pablo y los Plaza: “Diario de un No famoso”. Lo que teníamos que hacer era justamente eso: convertir a Guille en un NO famoso.

Me acerqué a las de la despedida de soltera, y les hablé de lo que tendrían que hacer en el momento indicado. Les prometí que si lo hacían bien, las invitaríamos a una ronda de chupitos para todas. Ellas aceptaron y, mientras se quitaban toda la ropa que les hacía parecer que estaban de despedida –era imprescindible para el plan—, llevé a Guille a que se comprase unas gafas de sol propias de un famoso.

—Pero si es de noche, chaval –me repuso—. Van a pensar que estoy grillado.

—Los famosos llevan las gafas de sol para que no les reconozcan, no para que les protejan los ojos.

Me hizo caso y regresamos con las de la despedida a tiempo para ver cómo hacían intercambio de guardia entre los gorilas. Ahora había un gorila nuevo situado en la entrada, y este era nuestro momento: comenzaba el plan.

Guille giró la calle en dirección a la entrada de la discoteca con las gafas de sol puestas, y una banda de fans piradas persiguiéndole por detrás. Mi papel era el de guardaespaldas, así que fingía que las intentaba separar un poco de la estrella principal, G. Nos colamos delante de todos los chavales normales que esperaban poder entrar unos minutitos ahí dentro y conocer a las estrellas, y nos quedamos plantados frente al gorila nuevo, que observaba cómo a Guille le seguían unas fans dementes y era protegido por un escolta.

—Fans… —soltó Guille quitándose las gafas, mientras se oía por detrás: «¡Hazme tuya!», «¡Te quiero!», «Un autógrafo, ¡por favoooooor!» y «AHHHH, es Guille Alcázar…».

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El gorila ni siquiera se molestó en mirar la lista de invitados –gran error, misión cumplida— y retiró la cuerda de terciopelo del camino de Guille. Este entró tan digno como siempre, y en cuanto pisó la alfombra roja que daba con el portón, unos paparazzis se giraron al ver que alguien nuevo pasaba, y comenzaron a sacarle fotos como locos.

—¡Pásatelo bien, Supremo! –le grité desde detrás del gorila.

Él se giró una última vez hacia mí y le dijo al hombretón:

—Ah, sí. Él viene conmigo.

«Qué pasa, madrileños.
¡Veo que hoy alguien ha picado el anzuelo! Ha sido más difícil de lo que pensaba, pero: prueba superada. La primera observación que puedo hacer como infiltrado es que si quieres ganarte a alguien que no necesita nada, demuéstrale que te necesita a ti. Pensé que no conseguiría superar el fin de semana y que el Plan no seguiría adelante, pero en dos días he conseguido superar de nivel social a medio instituto y más, con que hacerme el pez gordo de esta dorada pecera no será tan difícil como parece. Y aunque Guillermo Alcázar crea que es el tiburón del Enrique VIII, tranquilos, que yo conseguiré reducirle a pez payaso. Preparaos para la venganza del novato, porque viene a pescar sin caña.

Con mucho afecto pero poca fama,
DON»

Escrito por

Nacido en el Madrid de 1998. Amante del cine, los libros y su ciudad. Nada como la buena música, la elegancia y vivir la vida siempre siendo uno mismo. Instagram: drigopaniagua. YouTube: Rodrigo Paniagua

3 comentarios sobre “Capítulo 3, Parte 10 – Misión Alcázar

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