Capítulo 4, Parte 7 -¡Shhh…!

—¿De verdad te ha amenazado? –me preguntó Pablo, mientras la bibliotecaria le siseaba para que cerrase el pico.

—Como oyes. Y Claudia Martín no para de lanzarme fichas. ¿Qué hago?

—Evitarla. Eso no te traerá más que problemas.

—Ya, pero es que… —me mordí la lengua, pero luego supe que era demasiado tarde—… Ya sería la segunda chica de los Golden a la que intento esquivar…

—¿Quién es la otra? ¿Emma te ha hecho algo?

—Hablaba de Dani. No puedo mirarle a los ojos desde que vi lo de Guille. Sé que me lo tengo que callar, pero…

—¡Pero nada!

—¡Shhh…! –volvió a decir la bibliotecaria.

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—Diego –me dijo en susurro—, lo echarás todo al garete como sueltes palabra. Estás hablando de romper la pareja más famosa del Enrique VIII. ¡Más famosa de Serrano! Aparte de que todos se pondrían en tu contra, los dorados irían a por ti a saco.

—Daniela… estaría conmigo.

—Estar enamorado es muy bonito –suspiró mientras miraba a la estantería del fondo—, pero si Dani deja a Guille, Guille seguramente la expulsará de los dorados para que no hubiese un ambiente incómodo en la élite, y será una paria. Si va contigo, será por desesperación, no por preferencia. ¿De verdad quieres eso?

—No, pero…

—¡Pues ya está! –volvió a interrumpirme.

—¡Shhh…! –la bibliotecaria se estaba volviendo muy pesada. Nos quedamos callados unos cuantos minutos, para que se tranquilizara un poco. Pero luego le pregunté a Pablo:

—¿Qué tal lo tuyo con la hermana de Rico Plaza?

—¡Shhh…! –esta vez fue él quien intentó callarme. Yo me reí un poco, pero por eso nos siseó una vez más la bibliotecaria—. Pues muy bien, la verdad es que esto de hacerlo en secreto me da un poco de morbo.

—¿Es que ya habéis…?

—No, no. Ya tenemos una fecha para estrenarnos, es el día perfecto.

—Vaya, qué romántico…

—Ja, ja, muy gracioso –repuso con sarcasmo—. Será dentro de dos domingos, Rico estará jugando al fútbol con unos colegas en el parque de Manuel Becerra. Tendremos la casa de Débora al fin libre.

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—¿Y tu casa?

—El inútil de mi padre se pasa el día dentro, he empezado a sospechar que sea agorafóbico.

—Bueno –dije, justamente después de fijarme en la hora que era—, yo me tengo que ir ya. Mañana es el examen sorpresa y yo en las bibliotecas no me concentro.

—¿Y por qué has venido aquí?

—Pues por lo que vienen todos –dije agarrando mi mochila—, para hablar.

—¡Shhh…! –me volvió a exclamar la bibliotecaria.

—¿Sabes? –Le respondí—. Deberías ampliar tu vocabulario.

Me marché de ahí antes de que me comenzase a seguir con un libro gordo.

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Escrito por

Nacido en el Madrid de 1998. Amante del cine, los libros y su ciudad. Nada como la buena música, la elegancia y vivir la vida siempre siendo uno mismo. Instagram: drigopaniagua. YouTube: Rodrigo Paniagua

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