Capítulo 6, Parte 4 – Problemas con Alexis

Por primera vez en toda mi vida, Guille me llevó al Centro Comercial ABC Serrano. Nunca había estado, y era ciertamente impresionante. No sé cuántas plantas había, pero estaba repleto de tiendas caras y hasta tenía puestos de esteticien para los ricachones más coquetos de por la zona. Guille y yo caminábamos por algunas tiendas, fijándonos en los escaparates, pero no veíamos ninguna marca digna de un traje de luto.

—Te he visto en la página de Cuore –me contó. Me hacía gracia ver que nunca sacaba el tema de Daniela y la chica con la que la engañó cuando estaba con él, como si nunca le hubiese mencionado nada—. O sea que te van las celebrities que aspiran a modelo… Yo pensé que eras más de chonis con mallas de leopardo.

—Ja, ja, ja –repuse sarcásticamente—. Alexis y yo no somos nada. Esta mañana hemos tenido una cita, pero no era como yo me creía.

—¿Es que a ella tampoco le gustaba que te llamasen “Olmi”?

—Repito: ja, ja, ja. Pues no. Es demasiado, cómo decirlo… Famosa. Es muy famosa.

—Y a ti no te gusta dar el canto, ¿es eso?

—No, es que… Pues que ella es ídolo de mucha gente, incluyéndose a sí misma.

—Ahh, comprendo… —por fin—. Es una diva y sin embargo, no te merece.

—¡Yo no he dicho eso…!

—Si quieres un consejo, Diego, no seas tan ambicioso con las mujeres. A ver, mírame a mí. Lo tengo todo: inteligencia, belleza, dinero…

—Humildad… —añadí por lo bajini.

—Y eso me hace desconfiar de todas. Nunca me querrá ninguna por ser quien realmente soy.

—Tienes a Daniela.

—Lo de Daniela es pasajero –apiñé los puños involuntariamente y apretujé los labios, intentando que al menos Guille no me viera—. Lo importante es que como sé a qué van todas, me lío con ellas, pasamos a mayores de vez en cuando y cuando no me sirven de más, me deshago de ellas. De esa forma, se convierten en chicas clínex.

—Eso es un tanto despiadado, ¿no crees?

—Mejor utilizarlas tú a ellas que al revés.

—No debemos de pensar igual…

—El caso es que si buscas más allá de lo que ya has tenido, nunca tendrás sexo.

—Un momento, ¿desde cuándo estábamos hablando de eso? ¿No hablábamos de…?

Olmi, madura. El sexo es lo único que importa ahora mismo, la cosa rara esa a la que llaman “amor” es para los mayores. A nosotros aún nos quedan buenos años, y hay que aprovecharlos.

Era curioso el punto de vista con el que Guille miraba las cosas. Para él, el sexo era la clave de una relación. El amor era aquella clase de muerte en la que acabábamos al pasar los años y darnos cuenta de que la vejez nos haría menos deseables, y por lo tanto, nos haría acabar solos. El muy incrédulo pensaba que el amor era una simple conformidad vital…

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A todo esto, mientras Guille hablaba, nos acabábamos de meter por fin en la tienda de una marca un tanto desconocida que parecía haber abierto hace unos días. G se puso a mirar el precio de las americanas más oscuras.

—Desgraciadamente –continuó hablando—, por lo que parece has desaprovechado la oportunidad que te ha dado Dios para tirarte a una megafamosa del momento, y eso no se podrá arreglar jamás.

—Al menos sé que no se ha quedado con las manos vacías –Guille me miró dubitativo, como si quisiese que me explayase—. Nos topamos con Felipe nada más decirla que no quería nada, y al llamarme mi tía, los tuve que dejar solos, con que por lo que sé de F, ya habrán estado disfrutando de su soledad.

Guille me dio un bofetón, con el que yo solté un “¡Ay!” demasiado pueril como respuesta. Después me estampó una americana negra sobre el pecho.

—¡¿Tú eres imbécil o qué te pasa?! –gritó de tal manera que hasta el dependiente se consternó—. Pruébatela –me dijo después tranquilamente, y mientras lo hacía, regresó al tono de padre enfadado—. ¿Es que acaso no sabes cómo acabó la última relación de Alexis con su anterior novio?

—No, ¿qué pasó?

—Ella casi muere por sobredosis. Su novio era básicamente un camello de la élite, con la mejor droga de la ciudad, y bueno, al contrario que Alexis, él sí sabía distinguir entre trabajo y placer. Rompieron a tiempo.

—Vale, ¿y ahora me explicas a qué se debe el bofetón?

—Has lanzado a Alexis a los brazos de Felipe. Y Felipe se pasa la vida fumado y medio trompa. Como comiencen a salir, da a tu amiguita súper estrella por súper muerta.

Tras decir aquellas palabras que hicieron que me costase un poco respirar, Guille me analizó de arriba abajo como todo buen pijo de Serrano y con una voz más suave de nuevo, dijo:

—Cómprate una camisa blanca en Calvin Klein y unos zapatos negros en Dior. Aunque si tu tía pensó que con cuatrocientos míseros pavos llegarías a alguna parte, debería ir más de compras. Yo me voy ya, he quedado con Dani para hacer cosas de mayores.

—¿Eso significa que os vais a acostar?

—No, me acompaña al banco a revisar mi cuenta de la universidad. Nos vemos en la ceremonia de tu tío.

El corazón me dio un vuelco al pecho y se quedó parado durante unos cuantos segundos. ¿Qué había hecho? Alexis acababa de salir de las drogas y su carrera artística estaba alcanzado la cima a paso de gigante. Acercarla a Felipe tan solo había sido como tirarla por el precipicio.

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Escrito por

Nacido en el Madrid de 1998. Amante del cine, los libros y su ciudad. Nada como la buena música, la elegancia y vivir la vida siempre siendo uno mismo. Instagram: drigopaniagua. YouTube: Rodrigo Paniagua

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