Capítulo 7, Parte 1 – El panegírico

—Atención, por favor –exclamó mi tía mientras golpeteaba con un tenedor su copa de champán—. Gracias por venir…

—¿Cómo se siente uno –me dijo Sara en voz baja mientras tía Lina hablaba— al abandonar a los que te quieren y ni siquiera contestar a sus mensajes?

—Este no es buen momento para hablar.

Brindis

—… Y por eso he escrito una especie de, cómo decirlo… segundo panegírico para conmemorar ahora a mi fiel amado, Jorge Cadalso –todos comenzaron a aplaudir—. Gracias.

—Salgamos –le propuse a Sara.


Al tocar el suelo de la calle, supe que comenzaba el apocalipsis. Sara y Tamara se cruzaron de brazos esperando a ver qué les contaba. Y yo también esperaba saber qué les iba a contar.

—¿Y bien?

—Sara, yo te quise. Te quiero. Pero todo acabó. Me mudé, supe que ya no estaría tanto con vosotros, y por eso quise acabar con ello cuanto antes.

—Típico de tíos –bufó—. Te hacen de todo y después te tiran al suelo, como si fueras un sucio clínex.

—No seas tan lenguaraz, todo eso son calumnias.

—¿Pero tú te oyes, Peluche? No pareces ni de Serrano, ¿es que has vuelto de Oxford?

—¿Pero por qué? Sara, rompí contigo porque ¿de verdad querías una relación a distancia? No podríamos, sería horrible.

—Explícame una cosa: ¿Cómo es que hemos roto y yo me acabo de enterar?

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—Te lo dejé caer la última vez que nos vimos. Te pusiste triste y supuse que lo habías pillado…

—¡Me puse triste porque te ibas! –La gente comenzó a mirarla por la calle—. ¡Vosotros a lo vuestro, esnobs engreídos!

—Sara, por favor te lo pido. Márchate. Esto se ha acabado. Si antes no lo sabías, ahora sí.

—Mira, chaval –soltó Tamara—. Tú no dejas a mi amiga, que a Sara no le deja nadie.

—¿Quién te ha dado vela en este entierro, vacaburra? –nunca mejor dicho. Por lo del entierro, digo.

—No te metas con ella –Sara dio unos cuantos pasos hacia mí, hasta quedarse a centímetros de distancia de mi cara—. Me marcho por donde he venido porque he tenido el honor de que me dejes un poco de dignidad. Pero te advierto: ten cuidado con La Sara, que muerde. Y esto no ha acabado aún.

Después, se largó. La vi alejarse en dirección a Colón, y al girarme, Tamara seguía mirándome con una mueca de asco.

—¿Tú qué miras, ballena virgen con extensiones?

Me puso cara de desprecio y persiguió a su dueña bajando la calle.

«¿Cuándo acabará todo esto?

Sara ama la pelea más que Felipe los porros. Como no se le aparezca de pronto un santo para decirla que no se vengue de nada, me da que hay un Peluche que va a salir mal parado»

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Escrito por

Nacido en el Madrid de 1998. Amante del cine, los libros y su ciudad. Nada como la buena música, la elegancia y vivir la vida siempre siendo uno mismo. Instagram: drigopaniagua. YouTube: Rodrigo Paniagua

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