Capítulo 7, Parte 5 – Limusinas y champán

Al cabo de un buen rato en coche rodeando el centro, pregunté que por qué tardábamos tanto.

—Venga –contestó Izan—, lo que mola de las limusinas es fardar de ellas –abrió la ventana del techo y se asomó por ella—. ¡Qué pasa, pringaos! ¡Que os follen, donnadies, aquí manda mi po…!

—Izan –le alertó Guille—, hasta Lindsay Lohan maneja el alcohol mejor que tú.

—Vale, vale, ya me siento. Oye, D…

—Olmi, por favor –le pidió que me llamase Felipe, yo le golpeé el hombro.

—He observado que vas con Benito y los Plaza de vez en cuando. ¿Por qué?

—Bueno, son buena gente. Además, son los primero a los que conocí aquí. Estaban conmigo incluso cuando tú me tiraste la Coca—Cola encima.

—Es verdad, lo siento –contestó partiéndose de la risa—. Mira, por eso mismo te mereces un consejo: aléjate de ellos si quieres ser alguien en la vida.

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—¿Pero qué dices? La madre de Pablo es una reconocida diseñadora, y los padres de los Plaza tienen un casoplón que lo flipas, aunque aún no sé muy bien a qué se dedican…

—Abre los ojos –me aconsejó Felipe—. La familia de Pablo es tremenda. Su padre es un simplón con barriga cervecera que consiguió casarse con esa escuálida diseñadora porque la otra estaría desesperada por encontrar a alguien que aceptase esa cara de avestruz que tiene –me estaban dando ganas de soltarle un puñetazo—. Tu amiguito el skater intentó meterse en los Golden el primer año, pero bueno, le humillamos un poquito y aun así, el muy gilipollas sigue intentando que le caigamos bien. Será estúpido…

—¿Y por qué no le dais una oportunidad? Es un tío legal, ya sabéis…

—Ni muertos –contestó Guille—. Además, va con esos hermanos Plaza, que parecen estar demasiado… unidos. Quizá incluso de manera algo enfermiza.

—¿Estás hablando de incesto? –cuestioné alarmado.

—Sí, algo así. Pero no te enfades con nosotros, Diego. Esos rumores lo habrá soltado cualquiera que sepa lo pringados que son esos tres, no somos los únicos que lo creen.

—Señorito Alcázar –le llamó Blas—, ¿les dejo ya en el local?

—Sí, por favor. Bueno, chicos –se dirigió al grupo—. Ahí dentro está la crème de la crème entre los adolescentes más privilegiados de Madrid. ¿Preparados para comeros la ciudad?

—¡A por todas, chavales! –gritaron a la vez, y yo me uní después.

«Los dorados adoran eso de criticar a la plebe, pero veamos de qué están ellos hechos. ¿Aguantarán toda una botella de vodka a palo seco, o se desmayarán tras el primer Martini? Sea como sea, esta noche va a ser inolvidable, o espero que al menos para alguno que otro. Por ello, no puede decir nada más que: Que comience la fiesta»

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Escrito por

Nacido en el Madrid de 1998. Amante del cine, los libros y su ciudad. Nada como la buena música, la elegancia y vivir la vida siempre siendo uno mismo. Instagram: drigopaniagua. YouTube: Rodrigo Paniagua

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