Capítulo 7, Parte 7 – Besos clandestinos

La decoración era callejera, como si fuese una fiesta temática sobre Yo Soy La Juani. Era graciosa la situación, es decir, jamás me imaginaría que los dorados asistiesen a una fiesta como esa, y mucho menos que lo hiciese “la crème de la crème” más chic de Madrid.

Había luces violetas situadas por todas partes, por lo que esta vez, la camisa de Guille impediría que le volviese a perder durante la fiesta. Vi al fondo que había una pista de baile en la que tiraban espuma. ¿Era una fiesta de la espuma? ¡Dios, qué guay! Lo malo es que estaba seguro de que los Golden boys no querrían ir allí, que se verían demasiado “maduros” para mojarse.

—¡Chicos, al fin! –Daniela nos dio dos besos a cada uno, seguido por Emma y luego por Claudia. Las chicas habrían venido por otra parte.

—¿Qué tal la coca? –me gritó Claudia para que la oyera—. La he conseguido yo, era buena.

—Ah, eh… Sí, muy nutritiva y tal.

—Oye, ¿os apetece bailar? –Nos sugirió Daniela, aunque me miraba a mí cuando lo decía—. Yo hoy tengo ganas de marcha.

Se puso a bailar restregándose con su novio, pero Guille tuve que apartársela de encima. Yo jamás habría hecho eso.

—Me encantaría, Dani, pero aquí hay demasiado privilegio de por medio. Será mejor aprovechar la celebración.

—Ah, vale…

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Así fue el resto de la fiesta. Guille yendo de flor en flor, zorreando a todas las hijitas de ricos con grandes propiedades; Daniela bailando sola en la pista que no soltaba espuma; Claudia y Emma bebiendo en la barra, haciendo que unos tíos idiotas les invitasen a copas sin llevarse nada a cambio; e Izan y Felipe montándose un fiestón en la sala VIP de la fiesta, a la que solo podían asistir los del Enrique VIII, ya que el dueño del pequeño local era un exalumno.

Me cansé de ver a Dani moviéndose sola en la pista mientras se le acercaban babosos con ningún interés sentimental, así que tuve que acercarme. Pero mientras fui yendo hacia ella, una mano me agarró de la muñeca y me impidió seguir andando. Tengo que reconocer que a esas alturas iba bastaaaante pedo.

—Claudia, ¿qué quieres?

—¿Te está gustando la party? –La cogorza que llevaba ella era como el doble que la mía—. Las fiestas clandestinas son mis favoritas –comenzó a pasar su mano por mi pecho, tapado por la camisa—. Me encanta hacer cosas malas y que la gente que no debe enterarse no lo haga.

Le quité la mano de encima casi de un golpe. A ella no le sentó muy bien, pero luego cogió aire y se disculpó:

—Lo siento, no era mi intención haberlo hecho…

Mientras seguía hablando, vi de fondo a Guille acercándose por fin a su novia durante la fiesta, y al llegar, ella mostró una sonrisa de oreja a oreja, y después le morreó. No sé por qué, pero eso me cabreó bastante, lo vi de lo más injusto. Y encima recordé de pronto la escena de la Coca-Cola derramándose sobre mi cabeza. Así que todo eso sumado a la borrachera que llevábamos C y yo, eran la excusa perfecta para explicar por qué hicimos lo de después…

Esta vez reconozco que fui yo el que se la lanzó en la fiesta. Comenzamos a darnos el lote al lado de la pista, pero a pesar de estar borracho y drogado, no era tonto. Así que le sugerí ir a algún sitio en el que Izan tuviese menos oportunidades de vernos.

Seguimos besándonos tras entrar en los servicios unisex, y al no haber nadie en ese momento, la subí sobre la fría barra del lavabo y mantuve mi lengua jugueteando dentro de su boca. Al escuchar pasos que se acercaban a la habitación, agarré de la cintura a Claudia, mientras ella se reía como una niña pequeña, y la metí conmigo en uno de los servicios. Cerré la puerta con picaporte y esperé un buen rato para ver quién había entrado en el lavabo, esperando que no fuera Izan. Tuve que retenerme bastante, mientras investigaba, Claudia me comía la oreja.

—¿Fuisteis al Bernabéu el otro día? –decía uno de los chicos que había entrado.

—Yo tuve que asistir a un acto benéfico en ayuda de los manatíes del Caribe –contestó uno con la voz más pija que he oído en mi vida—. Al ver la foto de uno, casi me quedo en el sitio cuando me fijé en que se parecía a la ex de Quique…

Dejé de escuchar porque estaba claro que no estaba Izan con ese grupo de chicos. Nos volvimos a besar salvajemente dentro del servicio, y mientras comenzaba a besarla el cuello, ella optó por empujarme la cabeza hacia abajo entre suaves jadeos, como si quisiese acabar esa noche con un final bien feliz. Por un momento no me atreví a hacerlo, pero luego recordé por qué me había liado con ella, y empecé a besarla la clavícula, después la cintura, y finalmente, dejé que su ropa interior le cayera a la altura de los tobillos.

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Escrito por

Nacido en el Madrid de 1998. Amante del cine, los libros y su ciudad. Nada como la buena música, la elegancia y vivir la vida siempre siendo uno mismo. Instagram: drigopaniagua. YouTube: Rodrigo Paniagua

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