I – Las dos caras de Madrid

Cada vez es más difícil dar a entender que el arte no se puede retener en los museos. Cuando un turista llega a la ciudad y busca ver algo bonito, se saca un pase en el Prado o en el Thyssen, y ni se molesta en pronunciar bien Malasaña o recordar el barrio de La Latina.

Madrid tiene arte hasta en el suelo. Sobre las losas del Barrio de las Letras, José Echegaray escribió: “…la belleza es algo, que existe, que palpita en la naturaleza…”. Madrid es arte. Madrid es Heráclito sobre un río que no vuelves a ver una segunda vez.

Durante mi primer día de trabajo en la galería, salí tan pronto de casa que decidí dar una vuelta por el kilómetro cero para despejar la cabeza. Y entonces me paré frente a la estatua del Oso y el Madroño. Pude gozar de su vista por la hora que era, ya que al cabo de unos minutos, se llenaría de turistas como una vulgar atracción más. Había leído sobre ella; conocía la historia de su constructor, lo que representaba cada parte de la obra y su conexión con la ciudad. Pero mientras la miraba, no podía evitar pensar más allá de lo que veía.

—Las dos caras de Madrid.

Una chica joven, de brillantes ojos verdes y hoyuelos poco marcados, se paró frente a la estatua junto a mí. Le respondí con la misma mirada que pone un perro al no entender una orden de su dueño. Ella se rió. Su sonrisa tenía la viveza de un cuadro de Monet.

—Yo lo veo así —continuó—. Por un lado está el oso. El conocimiento, el poder, la protección. Es grande, pero no tanto como el madroño, quien a su vez es la magia, la simpatía. Es el alma.

Oírla hablar fue como tomar leche con miel en una mañana de invierno. Cogí el relevo:

—El animal se apoya sobre el árbol para equilibrar su fuerza. El punto de gravedad está en el medio de la estatua. Justamente en el medio.

—Una estatua en equilibrio puede ser como fumar después del sexo.

No tenía ni idea de a lo que se refería, pero por cada palabra que escapaba de sus labios, más ganas tenía de escuchar la siguiente. Se acercó un poco más a mí —no de manera insinuante, sino más bien confidencial—, y susurró:

—Madrid es mucho más que un “mazo”.

Mientras se alejaba de la plaza, con su fabulosa melena de satén al viento y el jazz callejero componiendo nuestra propia banda sonora, mi pecho sintió un cosquilleo. ¿Era eso a lo que llamaban flechazo?

Para cuando llegué a la galería, mi día ya estaba hecho. Recibí el cordial saludo de bienvenida de mi nuevo jefe Luca, quien me guió por la habitación y me mostró cada una de las obras de las que ahora yo me responsabilizaría.

—Conozco a los chicos como tú, Lorenzo.

—Enzo, por favor —enmendé con educación.

—Salís de Bellas Artes, con ganas de comeros la industria, pero es un mundo tan lento como veloz. Puedes pasarte un mes limpiando el suelo de la galería, que a las tres horas estar yendo en avión a una exposición en Copenhague. Tu trabajo, por el momento, será mantener la galería en orden, recibir a los posibles clientes y darles el mejor trato que puedas —suspiró y se llevó las manos a la cadera—. Confío en ti, chico, se te ve con aptitudes.

Me puse a trabajar enseguida. Empecé aprendiéndome el listado de obras y sus precios, me estudié a cada artista y cliente frecuente, y para cuando quise darme cuenta, ya había superado mi primer día con bastante éxito.

Nada más cerrar la galería, con el cielo violáceo cubriendo el casco antiguo de la ciudad, recibí una llamada bastante oportuna.

—Martín —contesté—, no has podido llamar en mejor momento.

—Cuando no atine contigo, pégame un buen tiro.

—¿De qué sirve si no es bueno?

—¿Cóctel de celebración?

—Cóctel de celebración.

Ambos colgamos. No hacían falta más palabras. Ahora me dirigiría a nuestro restaurante favorito, donde tocaba festejar que mi carrera había dado comienzo en el mundo del arte, y del mejor modo posible…

Con un buen combinado y una estatua en equilibrio.

Escrito por

Nacido en el Madrid de 1998. Amante del cine, los libros y su ciudad. Nada como la buena música, la elegancia y vivir la vida siempre siendo uno mismo. Instagram: drigopaniagua. YouTube: Rodrigo Paniagua

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